martes, 14 de julio de 2015

EL FEMINISMO AFRICANO Y SUS CORRIENTES







Muchas mujeres africanas y afrodescendientes al verse excluidas en los conceptos fundacionales del feminismo occidental en el cual se representaba únicamente las exigencias de la mujer blanca de clase media-alta, la cual era tomada indiscutiblemente como el canon del feminismo en general sin tener en cuenta las distintas realidades de las mujeres de otras etnias, decidieron crear definiciones alternativas que las representaran a ellas y a su causa.

Las afroamericanas, lideradas por la escritora Alice Walker, decidieron autodefinirse como Womanists. Este término, que apareció en el título de una obra de Walker llamada “In search of our mothers , A womanist prose” (1983), pretendía agrupar bajo una única identidad cultural, política, social, económica compartida a todas las afroamericanas naciendo así lo que se denomina como Feminismo Negro. El Womanism no era sólo exclusivo de las féminas negras en América sino que también era inclusivo con los hombres. Este movimiento, si bien incluyó a todas las mujeres afroamericanas, pasó de ignorar la realidad de las mujeres africanas a incluirlas pero sin comprender su idiosincrasia.

Las estudiosas africanas, que fueron las que lideraron principalmente el movimiento de la lucha de la mujer en África, decidieron encontrar otros términos que se adecuase más al sentir y proceder de la mujer africana. Éstas miraban con ojos críticos el feminismo negro afroamericano, primero porque dejaba problemas y particularidades propios de su cultura y segundo porque desaprobaban el lesbianismo tan difundido por las womanists.

En un intento de adecuar las teorías feministas a la visión de las africanas, la crítica nigeriana literaria Chikwenge Okonjo Ogunyemi comenzó a emplear el término “African Womanism” en 1985. Esta teoría afrocéntrica pretende alejarse tanto del Womanism como del feminismo blanco u occidental. Para Ogunyemi el womanism aparcó temas importantes para las africanas como la pobreza, problemas con la familia del marido, presión de las mujeres ancianas sobre las jóvenes, los problemas de la poligamia, el integrismo religioso del islam, el cristiano u otras creencias tradicionales. Ogumyemi señala también que la maternidad, tema importante para la mujer africana, no ha sido tratado con relevancia en el womanism  mientras que el lesbianismo, que algunas las africanas condenan, está ampliamente tratado en el movimiento de Walker.

Cleonora Hudson-Weems propuso (en 1987) también otra denominación, opcional, al feminismo afro a la que llama Africana Womanism. La primera parte de este concepto relaciona a todas las mujeres a las que hace mención y las engloba en un marco cultural concreto relacionándolas a la vez con la tierra de la que proceden. La segunda parte del concepto hace alusión al afrofeminismo africano. El concepto de Weems implicaría  que una african womanist se reconociese con características como las siguientes: autodefinición, familiaridad, hermanamiento verdadero con otras féminas (sisterhood), carácter fuerte, integración de la lucha masculina, plenitud, autenticidad, respeto y reconocimiento, espiritual, respeto a los mayores, ambición, maternidad, protección y cuidado.

Para Weems la realidad de este concepto no debe circunscribirse sólo a las mujeres sino que debe incluir a las mujeres africanas y afroamericanas, a su comunidad y a su descendencia.

El STIWANISM (Social Transformation Including Women in África) acuñado por la autora Molara Ogudimpe Leslie, puede considerarse como otra corriente concerniente al feminismo negro que no comprende la transformación social sin la inclusión de la mujer africana. El stiwanism comprende las siguientes características: las mujeres no tienen rivalidad con los hombres, las mujeres no rechazan sus roles biológicos, la maternidad se ve como un poder para las africanas, se enfatiza en la importancia de los temas referentes a la mujer en vez de exclusivamente en los temas sexuales, ciertas facetas de la maternidad priman sobre otras, enfatización de la independencia económica de la mujer, se tiene en cuenta las luchas de clase y de etnias que ocurren en África.

Otra alternativa, esta vez idealista, que aparece en los feminismos africanos viene con el término “Motherism” la cual fue introducida en 1991 por la fallecida autora nigeriana Catherine Obianuju Acholonu. La idea central de esta propuesta es para la autora el redescubrimiento, por parte de las feministas africanas, de “la esencia de la madre como matriz de toda la existencia” sin cometer el mismo error que el feminismo occidental que según Acholonu es el rechazo de la maternidad, el cual ha causado muchos males como la desintegración de la familia nuclear, la ruptura de la ley y ordenes natural, la marginalización del niño, el auge de la delincuencia y la expansión de personas sin hogar en la civilización occidental.

La naturaleza juega un papel esencial en el motherism ya que esta propuesta predica que para formar parte de ella una mujer debe sentirse humanista,  poseer facultades sanadores y estar en comunión con Dios, co-creando junto con él, ejerciendo así mismo también de protectora de la Madre Naturaleza. El motherismo sugiere también que el medio ambiente sea defendido tanto por la mujer como por el hombre y que ambos hagan uso del amor, la colaboración y la tolerancia mutua y se alejen de confrontaciones violentas, antagonismos y pertenencias a partidos políticos.

El motherism se extiende más allá del feminismo y defiende el respeto de todos los seres (sin importar la étnia, género, credo)pero muy especialmente a los niños y la búsqueda de la justicia, la verdad, el progreso, humildad y el desarrollo personal. Aquí, la mujer se entiende como una prolongación de la Madre Tierra que puede propiciar el retorno a la “quinta esencia” maternal.

Esta propuesta genuina, considerada idealista por muchos, no ha gozado de suficientes seguidores por la idealización que hace de la humanidad y de la fémina rural.

Esta postura de desmarcamiento del feminismo blanco hace surgir otro concepto, Negofeminismo, que viene de la mano de la autora Obiama Nnaemeka. El negofeminismo se basa en la filosofía del dar y recibir muy esencial en la cultura Igbo, étnia a la cual pertenece ésta autora.

Las bases del negofeminism se asientan en las siguientes características: oposición al extremismo feminista, descarte al rechazo de la maternidad profesado por el feminismo occidental, reconstitución del feminismo occidental, inclusión de varones en el movimiento, negociación y compromiso, negación de la generalización universal de conceptos de occidente.

Las africano feministas pretenden desmarcarse del individualismo en el cual está basado el feminismo occidental optando por posturas más conciliadoras, colaboradoras y cooperativas.

El feminismo blanco ha sido muy criticado por autoras africanas como Oyèrónké  Oyèwumi que argumenta que la autodeterminación que el feminismo occidental quiere lograr ya formaba parte de las sociedades africanas pre-coloniales donde ,por poner un ejemplo, en sociedades como la de la etnia Igbo los hombres y las mujeres compartían los mismos poderes, privilegios y responsabilidades. En la sociedad de los Igbo los roles sociales no eran predeterminados sino que eran asignados socialmente. Oyèwumi añade que el leitmotiv sisterhood, que se apropiaron las feministas occidentales no cuenta con otros conceptos opcionales puesto que ha basado su “prédica” en presuponer la hermandad entre mujeres en vez de incluirla como un objetivo a materializar. En opinión de Oyèwumi el feminismo “liberador” de occidente continúa perpetrando el concepto de su “superioridad” frente a la supuesta inferioridad de los africanos puesto que ni se plantean que hay sociedades que no necesitan ser “salvadas” por sus doctrinas. La mujer blanca en su posición privilegiada se ve a sí misma como el modelo y el ejemplo hacia la que, las otras mujeres provenientes de sociedades “subdesarrolladas” deben tender. Esta autora africana centra su crítica en el hecho, constatado, de que el feminismo occidental homogeniza a la mujer africana (pone a todas las africanas en “el mismo saco”), pasando por alto diversos factores diferenciadores como su étnia, clase social y demás diferencias, retratándola como una víctima sin voz ni voto.

El broche final a éstas corrientes del feminismo negro lo da el neologismo Misovire acuñado por la camerunesa Werewere Liking. Éste término se empleó, principalmente en la parte franco parlante de África, para definir a una mujer que no encuentra un ejemplo masculino digno de ser admirado (o que despierte su admiración). Con esto se pretendía hacer  reflexionar a los hombres a cerca de las diferencias de género existentes desde el marco del continente africano. Este ambiguo término pretendía ser la contrapartida de la misoginia.


Estas corrientes del feminismo negro son la muestra de que las mujeres africanas han adaptado las prácticas feministas a su modo de ver, sentir y vivir para  adecuar el movimiento de la lucha de la mujer desde su perspectiva cultural y social. La mujer africana, lejos de lo que se piensa en Occidente, tiene una voz poderosa que incluso traspasa algunas fronteras (y barreras mentales) para alcanzar los oídos que la quieran oír.


Fuente: "Otra manera de sentir: Feminismos Negros, género y estudios literarios en el África  Subsahariana" de Bibian Pérez Ruiz

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